>Rudy: “Me pregunto si el símbolo del judaísmo no debería ser un gran signo de interrogación”

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Encontrar vínculos entre política nacional, historia argentina, medicina, psicoanálisis, y judaísmo, no parece ser tarea sencilla, menos aún cuando ese nexo debe pasar necesariamente por el tamiz del humor. Sin embargo, desde hace casi treinta años, Marcelo Rudaeff, -Rudy para su público-, tiene esa profesión, la cual lo llevó a publicar en revistas como Humor®, Crisis, El periodista, y Noticias, a redactar guiones para Tato Bores y Jorge Guinzburg, a escribir cerca de cuarenta libros, -entre los que se cuentan Historias del Siglo XX, Historias de la Argentina, No desearás tu mujer al prójimo, o Freud más o menos explícito-, a presentar sus propios monólogos en unipersonales, o a dar a luz diariamente, en colaboración con Daniel Paz, el chiste de tapa de Página/12. En su casa de Caballito, donde recibió a Plural Jai
Judaísmo Amplio Innovador, Rudy tiró algunas pistas sobre la forma de hallar los vínculos entre estos temas: “Todo el humor lo desarrollo de una misma óptica, y siendo judío, no podría tener otra óptica que esa… diría que me super-reivindico como judío, no desde lo religioso, ni desde lo nacional, ni desde lo comunitario, sino desde un modo de observar, ya que puede haber una mirada judía sobre el futbol y una mirada no judía sobre la idishe mame, y particularmente me gusta la primera. Por otro lado, el chiste de Página/12 lo hago junto a Daniel Paz, que egresó del Nacional Buenos Aires, está casado con una judía, y también está muy impregnado de esta cultura”.


¿Se puede decir entonces que incluso cuando haces humor sobre política nacional aplicas esta óptica judía? Tal vez existan otras ópticas, pero todo lo que uno hace, lo hace siendo como es uno, lo que después va a estar presente en tu obra, seas o no consciente. Tengo un familiar, hijo de matrimonio mixto, al que una vez le encargaron hacer Klezmer, y lo hizo espectacularmente. Él me decía que le salió bien porque era músico, pero yo le decía que si logró hacerlo así, es porque esa música de alguna forma estaba en él. Y en mi caso, esta óptica de la que te hablo es la del Manishtaná, esos diálogos que los hijos tienen con sus padres en la festividad de Pesaj, donde les preguntan en qué se diferencia esta noche de las demás. Esa pregunta sobre que caracteriza esto, que tiene de particular, a veces de absurdo, yo la uso al observar la realidad argentina. Ese Manishtaná, -que también podría ser una marca de maní, aunque por ahora no la pienso sacar-, tiene mucho que ver con mi humor.


¿Qué otros rasgos principales crees que le ha aportado tu judaísmo a tu humor? El judaísmo es para mí un gran signo de interrogación, incluso una manera de preguntarse, y me pregunto de hecho si el símbolo del judaísmo no debería ser ese gran signo de interrogación. Los judíos que más trascendieron en la historia de la humanidad fueron los que generaron grandes preguntas, lo cual toda la humanidad lo reconoció, aunque luego les boche sus respuestas. Creo que fue Mark Twain quien dijo que los judíos son un pueblo que se dieron el lujo de generar un Cristo y un Marx, y de no darle bolilla a ninguno de los dos. Y la verdad es que ni siquiera a Moisés se le prestaba mucha atención, ya que mientras él recibía los diez mandamientos, muchos ya estaban con el becerro de oro. Pero también Freud, Einstein, Spinoza, generaron sobre todo grandes preguntas, tal vez más importante que sus respuestas, como si fuera una constante rebeldía. Singer decía que los judíos son un pueblo que no duerme ni deja dormir, y me parece bien, creo que ese es un gran mecanismo para el humor. Está la anécdota de Isaac Bashevis Singer conversando en Nueva York con el entonces primer ministro israelí Menajem Beguin, donde le recrimina que en Israel no se hable el idish. Y Beguin, alguien para mi detestable, pero que en ese medio minuto fue admirable, le dice que Israel vive en guerra, por lo que hay que dar y recibir órdenes, y en idish eso no se puede hacer. Lamento que haya sido Beguin quien tuvo esa respuesta tan brillante, pero sintetiza muy bien esta apertura. También encuentro en mi humor una herencia, no tanto desde la típica pertenencia a la comunidad, más allá de que haya ido al shule, sino desde el lado familiar, de la comida, o de cierta forma de reírse, ya que como escribí alguna vez mi bobe y mi zeide se reían y comían en idish. Y en lo literario, de las influencia de Bashevis Singer, Sholem Aleijem, Woody Allen, o Efraim Kishón. Me parece en definitiva que la palabra mishmash, -que significa algo así como una mezcla de un montón de cosas, aunque no se sabe muy bien qué-, lo puede definir bien. Y el judaísmo siempre está en mi receta, aunque no sé en qué medida.




¿Crees que como se señala habitualmente somos un pueblo con mucho humor, o simplemente el humor judío se logró difundir más que en otros? Por supuesto que el mito está. Yo puedo decir que sé que existen muchos y muy buenos humoristas judíos, proporcionalmente más, y por lo que sé en mayor cantidad entre los ashkenazim que entre los sefaradim, aunque también hay que una rica historia de humor sefaradí. Pero no sé si podemos hablar de pueblo judío, tal vez sea el mishmash judío, porque se me viene a la cabeza el chiste que dice que un tipo vuelve a su pequeña aldea, su shtetl, de un viaje a Varsovia, y le cuenta a su vecino que allí se encontró con un judío que se sabía la Torá de punta a punta, con otro judío ateo, con uno que era millonario, con otro anarquista, con otro tradicionalista, y con otro que puteaba a la religión todo el tiempo. Bueno, le dice el vecino, en Varsovia hay muchos judíos, y él le responde que no, que se trataba del mismo judío. De todas formas, hay cosas en común, posiblemente esto de ser un pueblo perseguido, que solo podía quedarse en lugares de donde quería irse y era obligado a irse de donde quería quedarse. Eso ya da pie para el humor, como el hecho que te destruyan dos veces tu templo principal, y las dos veces el mismo día. Es medio difícil que no se pueda hacer humor con eso, porque además, sino te matás. O como el hecho de que se hable del “pueblo elegido”, porque como dice Sholem Aleijem, “podías haber elegido a otro”, o como dice Woody Allen, “Dios no existe y encima somos su pueblo elegido”. Pero también está el hecho de que se trata de un pueblo que durante miles de años, incluso sin tener país propio, recogió su historia y mantuvo su religión, lo que no pasó en otros pueblos como los romanos, los griegos o los egipcios, y tal vez sea esa cultura viva tan antigua y que se siente como propia, un gran material para el humor. Y por otro lado, en el otro sentido de esta palabra, si no podes tener nada material, te quedas con la palabra, y de hecho es antiquísimo en el judaísmo el culto a la palabra, y a poder reírse un poco de ella también, sabiendo que no es para tanto. O sea, la idea de que nada es dogmático, que se puede ver también lo ridículo y patético en todas las situaciones, empezando por vos mismo…


¿Qué otras características principales encontrás en tu forma de hacer humor? Justamente, mucho humor de palabra, partiendo de una “observación de la palabra”, muy preocupado por la escucha, a veces desde un lugar infantil. Es como un humor radial, más allá de que no lo haga por radio. La historia muchas veces es lo de menos, lo que me importa es la reacción de los personajes, más ahora que hago monólogos, y hay mucho de lo neurótico, de lo absurdo que podría ser lo que hacemos, como por ejemplo si viniera alguien de la edad media y viera una locutora radial que le habla… ¡a un palo! (risas)


En tu humor político se puede ver que el absurdo es a veces es la realidad misma… En el caso de los políticos, podría decirse que ellos muchas veces le hablan a palos, porque no ven en su interlocutor su dimensión de ser humano. Y sí, ahí ves el absurdo, porque en muchos casos hablan sin siquiera escuchar, al extremo de pelearse diciendo lo mismo. Aclaro que no es que yo logre ser muy diferente, debo ser tan necio como cualquiera, pero es un tema que por lo menos me preocupa, es decir tengo cierta conciencia de eso. Y no me refiero a los códigos, sino a lo opuesto, es decir a entender que las palabras son convenciones, y que muchas veces esas convenciones nos llevan también a no entendernos, y eso es algo con lo que yo hago mucho humor.


¿Contribuyeron también tus conocimientos profesionales sobre medicina y psicoanálisis para elaborar a tu humor? Esto tampoco uno lo sabe de manera precisa, porque uno es o está y va haciendo a partir de lo que percibe en la vida. Pero el psicoanálisis seguro tiene influencias, sobre todo desde mi experiencia como paciente. Creo que todo humorista llega a serlo a través de hacerse preguntas sobre sí mismo, de salir de ese lugar soberbio y narcisista, o por lo menos ese fue mi caso. La medicina, tuvo más que ver con lo que me significó la formación universitaria, porque si para algo sirve la universidad es para saber cuántas cosas que no sabes, porque más allá de la formación, del título, o de la carrera, creo que lo que realmente aprendés es que hay mucho más que ni uno ni la humanidad saben, y eso te abre un panorama que a un profesional de ciertas disciplinas, como por ejemplo medicina o abogacía, lo podría llegar a angustiar, pero en el caso del humorista puede jugar a favor, porque te permite muchas aperturas…


¿Desde tu visión de artista, tenés una mirada crítica sobre una ciencia tradicional como la medicina? En relación a la medicina debo decir que me recibí de médico, pero ser médico es más que recibirse, y yo sólo hice una concurrencia en psicopatología en el centro Ameghino, lo que me podría dar un titulo, que jamás fui a buscar, en psiquiatría dentro del ámbito de la Ciudad de Buenos Aires. O sea que aunque me recibí, creo que nunca lo fuí, o por lo menos nunca me sentí médico, y de hecho siempre digo que soy médico de parte de madre, porque en mi familia siempre hubo eso de estar en la universidad, aunque no necesariamente en la de medicina. Y en relación a tu pregunta, creo que les guste o no a los médicos, la medicina tiene mucho de arte, porque lamento decirlo, pero el médico nunca sabe si un tratamiento nos va a hacer bien, ya que ahí se me aparece la frase de Lacan que dice que toda certeza es una certeza delirante. El médico solo sabe que un tratamiento le hizo bien a mucha gente en una situación parecida, por lo que hay algo de arte en la cura de cada paciente. Y hay además un sistema, y esto no es responsabilidad del médico, donde pareciera que salud es tener la cuota al día de la prepaga, e incluso mucha gente piensa que cuanto más cara, mejor está de salud.


¿Y sobre el psicoanálisis? En este caso es diferente, porque yo sí me ví como psicoanalista, haciendo una formación no académica ni sistemática, sino analizándome, estudiando, y supervisando, que son los tres pilares que Freud marca, y que hasta aquí parecen seguir siendo válidos. Creo que los psicoanalistas y los humoristas trabajamos de la misma forma, descubriendo antes que inventando, usando herramientas para mostrar otro aspecto de lo que se ve, herramientas como las de un escultor que sirven para quitarle cosas a la piedra y que aparezca la escultura. El humorista está más orientado al discurso social antes que al individual, y yo hoy en día veo al mundo desde donde lo ve un humorista. Es como la diferencia entre Cortazar y Fonatanarrosa. El primero era un escritor que te podía hacer matar de risa, y el otro un humorista que podía escribir cuentos maravillosos, es decir que lo que hacían, lo hacían desde lugares diferentes. Lo que me parece es que el psicoanálisis es como una renuncia de una corona que no te hacía rey de nada, sino que te hacía que te vieras como rey, y es bueno para saber que cuando se cae esa corona no se cae la cabeza, y que incluso vos podes laburar con mayor libertad manteniendo la cabeza ya sin el peso de la corona, porque ves los dramas como boludeces, aún cuando generen incertidumbres y angustias. Ese es un estado más real, muy útil para la creación, y eso pasa también con el artista, se te puede caer el título de artista y aparecer el verdadero trabajo de artista.


¿Los cambios que realizaste a nivel profesional se produjeron de forma transitoria o alguna crisis te llevó a realizarlos? Yo creo cada vez menos en las identidades y más en los estados, en el estado de la gente de ir fluyendo, es decir más en el estar que en el ser, por lo que aunque digo que soy humorista, me gustaría decir que estoy humorista (risas). Si repasamos estos cambios, podría decir que mientras estudiaba medicina ya me estaba analizando, y en esos tiempos me quedó claro que médico no iba a ser. El humor me gustaba desde chico, pero no sabía que podía ser una profesión, y de hecho yo no sé dibujar, pero me conecté con Daniel Paz, a quien conozco desde 1982 y empecé a laburar y a publicar muy bien con él y con otros dibujantes, mientras ejercía el psicoanálisis. La salida de Página/12 me decidió a dejar lo otro y dedicarme de lleno al humor, porque la práctica del psicoanálisis te implica una cierta presencia, -que a mí me gustaba y me sigue gustando-, pero incompatible con otra profesión, porque uno tiene que estar no solo en el consultorio, sino en supervisiones, en cursos, o en centros, porque una cosa es entender psicoanálisis, pero otra es laburar, y lo del diario no me dejaba tiempo. Esa elección no fue complicada, y en relación a incorporar al humor gráfico el humor actuado del Stand Up, diría que en 2002 ya había empezado a hacer radio junto a José Abadi en “Tragedias abadianas”, pero que me faltaba animarme a pararme a hablar. En esos tiempos hice una formación puntual en monólogos y mi profesor Diego Wainstein me dijo que mi problema no iba a ser subirme a un escenario, sino bajarme, y aunque no se lo creí acepté lo que me dijo, debido a su experiencia. Y la verdad es que hoy puedo decir que no se equivocó.

 Fuente: Plural JAI – Autor: Julián Blejmar

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