>Una carta desde el refugio

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El martes a la noche me levante al oir la alarma, que crei no volveria a escuchar. En esos momentos uno apaga la televisión y silencia toda la casa para comprobar que de verdad la escucha, a pesar de que tu corazon te dice que estas imaginando y que todo esta bien, anda a dormir papa. Nos enfrentamos a una realidad que no quisimos y no elegimos, pero es de todos modos nuestra realidad. En esta realidad te despertás de noche con los sonidos de una alarma, que se te cuela profundo en los huesos, te hace temblar todo el cuerpo, y te genera preocupación por el otro.
En esta realidad, temblas por el destino de tus hijos, temblas por el destino de tu familia, y temblas por tu propia existencia. El miercoles nos levantamos a la mañana, mi familia y yo a una realidad donde no es sobreentendido que volveremos a casa, no es sobreentendido que podamos salir y jugar con nuestros hijos en el pasto, de hecho no es sobreentendido que terminaremos este dia vivos.
Cuando una persona tiene un problema, recurre a todo aquel que pueda ayudarlo,y en especial a los organismos que brindan ayuda, los organismos “oficiales”. Nosotros como padres de mellizos pequeños de 6 y un bebe de dos años nos alegramos al enterarnos que dado las penas que acontencen se suspendieron las clases en Ashdod. Aunque esa suspensión no incluyó el poblado donde residimos. Vivimos en un poblado pequeño entre Ashdod y Ashquelon, lamentablemente para nosotros no hay suspensión de clases.
Mi hijo menor, Ilai concurre a un jardin de infantes privado y en el establecimiento no hay cuarto de seguridad. Los mellizos concurren a un jardin donde yo estudie hace 30 años por lo cual dudo que se mantenga en pie ante un simple temblor, menos hablar de un misil Grad. Dado que la decisión es dejar al pequeño mientras tanto en casa y luego ver que hacemos.
En la guerra anterior concurrieron mis hijos a un jardin de Ashdod. Un dia despues de la suspensión de clases nos avisaron que un misil Grad pegó en forma directa en el establecimiento y lo destruyó. Soy lo que se llama ” se aprender de la experiencia”
Cuando nos dirigimos a los organismos oficiales, a los centros telefonicos a los que se les paga tanto dinero, pero que no ayudan en casi nada, recibo por respuesta que no estamos en zona de riesgo. Para mi es clarisimo que vivir entre Ashdod, Ashkelon y la base militar Jatzor es un riesgo igual al de vivir en Ashdod o Ashkelon.
Lo que más me preocupa es que a pesar de la suspensión de clases, el Ministerio de Educacion le pide a los maestros presentarse en la escuela y estar alli todo el dia. Cuando recibi un mensaje al celular de mi esposa que tiene que presentarse en la escuela, a pesar de la suspensión de las clases elegi borrar el mensaje y no mencionarselo, porque sabia dos cosas importantes:
– No hay ninguna diferencia entre el peligro para un alumno y para mi esposa
– si mi esposa se presenta en la escuela, no hay quien se quede en el cuarto de seguridad en la casa con los niños.
Surge la pregunta, los amigos de arriba de la Oficina del Gobierno entienden algo de sus vidas? Acaso entienden que todas sus decisiones tienen consecuencias en nuestros destinos? A veces me siento como un ciudadano pequeño, que se presenta al ejercito cuando lo llaman, paga impuestos, y aporta al pais y que estoy solo en el campo de batalla y que Dios nos ayude. Siempre me acuerdo de las palabras de mi mama Z”L “Dios ayuda solo a quien se ayuda a si mismo” Acaso alguien nos escucha o solo somos números para ellos?
No elegi nacer en este pais, no elegi ser judio y no elegi esta guerra, pero estoy absolutamente orgulloso de vivir en esta tierra, orgulloso de mi judaismo, y peleare en esta guerra porque no hay opción, no porque yo quiera.
Pienso tambien en el otro lado, en los miedos de ellos, en sus deseo, y les deseo a ellos y a nosotros que llegue la paz, por nuestros hijos y por los de ellos, que no tengan que despertarse en la noche con los sonidos de la alarma y los aviones, que no tengan que tener miedo de ir al baño o jugar en el patio. Que los silbidos sean entre amigos, y no de misiles. Solo resta rezar y pedir que alguien nos escuche.
“Creo en la paz que llegara, creo en la paz que vendra, pero hasta entonces si se puede emplear un poco más de cerebro y ayudarnos a pasar el dia-dia, nos alegraremos de recibir un poco de ayuda”.




Carta enviada a YNET por Eial Asila (34) habitante de Sde Uziahu, padre de tres hijos, casado con Keren, maestra de educacion especial, director de Seguridad de Informacion en AIG.

Traducida por Gaby Szuster

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