beersheba y nabo

BERYEBA Y NABO

DOS CONCLUSIONES

I.

Una de las cosas más intensas que le sucedió a Nabo desde que accedió a escribir sus impresiones acerca de lo que ve en Beryeba fue la respuesta de su prima Casuarina.
En sus correos electrónicos siempre encontró apoyo, simpatía y estimulo. A Nabo la prima Casuarina siempre le cayó muy bien, tan sonriente y positiva. Una persona plena. Un alma en paz, generosa y radiante. Muy cierto es que durante la vida de Nabo en la Argentina los encuentros nunca fueron muy frecuentes, pero desde que su mudo a Israel algo cambió. La lejanía física produjo el acercamiento emocional. Una resolución a la paradoja del espaciotiempo.

II.
En el último tiempo, Nabo se cansó del contenido de su columna. Relee toda su producción para encontrar algún patrón en la manera que genera su humor y su estilo y el gran factor común que encuentra es la queja o la maniobra astuta que la oculta o la hace chistosa. El caso es que me canso de ser cínico, astuto, perspicaz e inteligente, se dice Nabo y se lo dice a Tatiana, su pelirroja fugaz, que casi siempre casi se le escapa y se le anda quedando, vaya a saber por cual otra paradoja que la enamora a su triste figura.
En una de esas circunstancias de casiescape Nabo la retiene con maniobra miliunanochezca .
-¨Hay mujeres machíparas, hembríparas y ambosexíparas¨-.enuncia ¨La prima Casuarina es un bellísimo ejemplo de la machípara, que ha dado a luz tres varones de la gran especie de los no faloportantes ¨
La fugaz pelirroja se detiene. Impacto, se dice Nabo. Expresión de explicate un poco mejor en la faz de Tatiana. -¨Aquellos que llevan un arma hiriente en lugar de los genitales, lo más vil del género masculino¨.
No es raro que Tatiana no entienda un pomo de lo que Nabo está hablando, aunque deduce cierta coherencia y sabe que aquel no terminó de redondear el concepto que disparó de manera catárquica.
Entonces Nabo se descubre explayándose acerca de los sentimientos que le genera su prima.
Será porque en una de sus respuestas a las notas que ha publicado en el blog del amigo Daniel recibió ¨segui probando con el optimismo que los quejosos aburren.¨ Eso le ha dado mucho en que pensar. Entre otras cosas, si quiere seguir siendo Nabo. Reconoce que sus columnas últimamente lo llevaban a un clima que lo deprime. Encuentra que la ciudad no le gusta, que la cultura le es por completo ajena y no se halla. Tener que escribir sobre Beryeba ha hecho de él, quejoso metódico, un quejoso que se jacta de la condición y lo hundió en un estado de ánimo que con bastante trabajo lograba disimular en sus artículos. Entonces decidió no tener que escribir más sobre Beryeba. La prima Casuarina tiene tanta razón. Los quejosos se aburren incluso a sí mismos.
Elige entonces ser la otra cara de la moneda sumergida en el vaso medio lleno de agua.

Ya pensarse tan pensado se piensa deprimido
ya sabe, si redunda, resistente, impedante
ley de Ohm, irradiará infecundos calores innecesarios

Se declara a si mismo 
que abandona la suspicacias
que el amoR con mayúscula es mejoR 
que la más astuta de sus suspicacias.

Que se va a fluir por ahí
al amparo de las sonrisas aprobadoras
de las machíparas sabias.


Chau, hasta siempre.
Nabo se descascara de Nabo.
Se desnuda y se marcha.

Just in time

Nabo llega tarde a todas partes.

Una vez, hace muchos años, a raíz de una brillante sesión de chat en la que uso el nickname polisemico, consiguió una cita a ciegas con la Semiología. Esa vez también llegó tarde. Una demora de quince minutos, que no le parecía tan terrible, pero no todos quieren esperar a los que eligen ser impuntuales. La Semiología se fue y Nabo se quedó con esa fea sensación de que hizo algo mal. Aunque estuvo macanuda, y tal vez por el buen recuerdo que le quedó del chateo, le dejó un sobre que rezaba ¨Para tocar de oído o Para hacerse el que manya¨.

Adentro había una hoja recortada para no ser A4, donde se leía ¨Todo es discurso. Todo habla, y se está hablando (es decir, emitiendo discurso) todo el tiempo. La cosa es entender el código. Incluso si permanecés callado, estás eligiendo callar.¨

Nabo quedó mirando la hoja, medio bobo y boqueando, durante un buen rato. Después la ensobró y la guardó en el bolsillo de la campera.

La frase le vino muy bien. De hecho, le sirve desde entonces para entender casi cualquier cosa, cuando le da la gana entender. Si se pusiera a pensar dos veces antes de actuar o hablar en lo que hace o dice teniendo en cuenta la frasecita, seguro que estaría en paz. Pero así es Nabo y quéselevacer.

El asunto es que a Nabo le gustó el tema de las fotos sacadas con el celular. Le pareció que el discurso que se emite es ¨Éstas son las cosas que me valen la pena ver para intuir a Beryeba.¨

Las que sacó hasta ahora fueron todas instantáneas. Y aunque Nabo se siente como pez en el agua con la improvisación, hay otro estadio que le gustaría encarar y es el de La foto que no se sacó y que se planea.

Hay dos fotos que le hubiese gustado fotografiar. Una, la de la muchedumbre de soldados en la terminal de ómnibus de Beryeba los domingos por la mañana. Pensándolo bien, el motivo da para más de una toma. Digamos, una serie. Pero no de un soldado o dos o tres. La muchedumbre fotografiada desde distintos ángulos, formando cola para abordar un ómnibus, con todos esos bolsos y mochilas y tremendos fusiles, o desesperada por conseguir una porción de falafel y una lata de cocacola.

Ésta es la foto para una comprensión sociológica.

La otra foto es la de la limusina de juguete.

Una vuelta, durante su labor diaria, Nabo vio en la luneta trasera de un auto familiar bastante viejito, una limusina plateada de juguete, puesta como en exhibición. A cada flanco de la limo, un auto de chiche de tremendas cupé deportivas, tipo Alfa Romeo o Lamborghini, ambas rojas. Nabo se sonrió: – Parece que el dueño no está muy conforme con lo que tiene- y al toque se le hizo que esa luneta da para la foto.

Y al ratito se percató de que ésa es una frase de uno que se las da de vivo o de chistoso. No es una mirada positiva, sino de criticón, y el criticón es un resultadista, uno que sabe que va a generar una sonrisa cómplice con facilidad. Ese criticón es un astuto de medio pelo, un envidioso y un quejoso.

Recuerda una frase propagandística del terruño No se queje si no se queja. Recuerda una poesía del peruano Vallejo Hoy me gusta la vida mucho menos. Admiró a Vallejo apenas lo leyó, será porque es el poeta de la desesperanza. Nabo siempre se las tiró de desesperanzado. Con el tiempo se avivó que aquella fue una postura intelectual. En realidad fue un astuto de medio pelo y un quejoso. Si fue envidioso, no lo sabe. Entonces se decide a ser positivo, aunque llegue un poco tarde a la mirada del que elige ver el vaso medio lleno.

Así que será positivo y optimista. Aunque lo logre sólo por un rato, sabe que un rato es mucho más que nunca. Tal vez, si lo logra, lo intente más frecuentemente. Es cierto que lleva por herencia centurias de quejas que identifican a la noble raza hebraica. También es cierto que a una herencia se puede renunciar, o, en el más altruista de los casos, donarla a los desposeídos. Hay que estar muy desposeído para no poseer incluso la posibilidad de quejarse. Entonces transforma la frasecita ésa de no se queje en Si quiere y puede hacer algo, hágalo y va a ver qué bien se siente después. Intenta reducirla aún más y le sale Si quiere hacer algo, sólo hágalo. Después, para cancherearla de políglota, la dice en inglés Just do it, pero le parece que así escrito lo habrá leído en alguna propaganda de zapatillas. Lo que no le quita razón al slogan.

Así que, pensando en positivo y considerando los consejos de la Semiología y haciéndose el que manya, encara la comprensión de la instalación de la luneta trasera y los autitos y elige una de las posibilidades de la polisemia. Descarta La zanahoria delante del burro por anacrónica y seudo astuta. Elige entender que esos cochecitos de chiche operan como un Orientador de la atención. Le recuerdan cada vez al dueño del familiar cachuso, por si se le olvidase, que lo que quiere conseguir es un tremendo descapotable rojo. De paso, le muestra al vecindario sus nobles propósitos.

Nabo no sabe cómo, pero cuando estos últimos pensamientos terminaron de aclarársele, la necesidad de la foto se le desvaneció.

Sacará la del puestito del falafel en cuanto se le presente la ocasión. Si los soldados no tomaron el ómnibus. Si todavía están allí.


MACETERO INODORO
A Nabo le gusta considerar el pensamiento cual si fuera un paisaje. No es cosa que le pase todos los días, no siempre se siente poeta. No siempre tiene esa actitud constructiva. Debe ser que se siente así desde que leyó el título de un libro, ¨Mente zen, mente de principiante¨, que lo dejó meditando acerca de los beneficios que trae tener una actitud ingenua de observación. Nabo asume que el libro trata de eso. No lo leyó. Le hubiera interesado leerlo, de poder conseguirlo, pero la verdad que no se interesa en buscarlo. Interesante saber por qué. Tal vez porque no está editado en hebreo, se dice. Pero si estuviera no lo compraría, porque le cuesta concentrarse como para leer en ese lenguaje tan atravesado. En el título está la esencia, también se dice. Así logra dos objetivos: hacerse el inteligente y ahorrarse el importe del broli.

Así que ahora está esforzándose por poner en práctica las enseñanzas que supone que el libro enseña y trata de observar desapasionadamente la idea ¨Mi adaptación a la ciudad donde vivo, a su gente y a su cultura ¨ Nabo duda de tener éxito en el ejercicio, pero piensa en un bebé como principiante de caminador y se dice que si en algún momento de su vida tuvo tantísima paciencia para seguir y seguir intentando andar, por qué no usar un uno por ciento de aquella en esta circunstancia.

En cuanto se le pasa el ataque de furia y después de barrer los fragmentos de taza que estrelló contra la pared concluye que va a ocupar la fotografía como técnica y como discurso. Revisa las fotos que tomó con el celular en aquellas ocasiones que no pudo creer que lo que estaba viendo fuera real y encuentra:

*Un árbol con una especie de mañanita colorida tejida alrededor del tronco.

*Un buzoncito particular que tiene escrita tres direcciones distintas pese a que pertenece al mismo departamento.

*Un conjunto de gatos recostados alrededor de los tachos plásticos de la basura.

Al momento de fotografiarlos recordó una serie de dibujos animados que veía cuando niño, ¨Don Gato y su pandilla¨. Al momento de ver la foto piensa en un rey y su corte, todos señorialmente recostados, con esa calma atemporal que tienen.

*Una flor de cactus, emergiendo amarilla y espléndida entre verdes y espinas.

*Dos inodoros fuera de lugar, usados como macetones, flanqueando un armario de medidores de gas y de agua.

A este motivo lo fotografió desde varios ángulos. Será porque le encontró una multiplicidad de lecturas. Cuando estuvo frente a la instalación entró en un shock cultural y tuvo la necesidad de testimoniar puntillosamente el fenómeno. Algo le pasó con esta serie de imágenes. Cuando las vio en la pantallita del celular se le generó una especie de revoltijo mental, como pensar en comida cuando se tiene náuseas…

Lo primero que saltó a su vista es lo negativo, la paja en el ojo ajeno. Cuando ve cosas que se estrellan contra su cosmovisión y su bagaje cultural, digamos como un colectivo desbocado que topa contra el obelisco, intenta persuadirse de observarlos como fenómenos que le generan material de reflexión. Pero se está cansando de reflexionar. Quisiera tan sólo flexionar, quisiera ser un pez. Ahí cae en que no entiende la cultura donde vive. Hay códigos profundos que se le escapan. Cuando era niño asistía a conversaciones que no comprendía. Cuando crezcas vas a entender. Parece que habrá que esperar a que la nausea se pase, ya regresará el apetito.

La náusea pasa, pero el causal no. Será el malestar de la cultura, diría Froi. Para su enorme sorpresa, algunas semanas después de haber fotografiado la instalación aquella, encuentra en otro barrio, donde vive una población por completo diferente, no una, sino dos casas que adscriben a la corriente decorativo fecal.

Así que Nabo sacó más fotos de inodoros fuera de uso instalados como maceteros. La multiplicación de los panes y los peces. La transmigración de las almas. El país fundado sobre pantanales disecados halla un grandioso símbolo recordatorio en una planta que crece en un inodoro, es como hacer una ilustración de la frase ¨de un pantanal hemos hecho un vergel¨ Nabo cree que proclamar que esa es una cagada de metáfora se convierte en una ajustadísima descripción.

HOY NO

Nabo no sabe explicar por qué, pero hoy, no.
El amigo Daniel está atónito.
Con toda la delicadeza posible – cosa que Nabo aprecia muchísimo – el amigo Daniel intenta indagar los motivos de su silencio. Nabo está en una situación curiosa, la de contarle a alguien por qué no se tiene ganas de contar nada.
¿Acaso Nabo podría listar dichos motivos? ¿Los conoce?
No.
Puede que los intuya. Ahí está el asunto (o el ¨quid¨ de la cuestión) Los motivos de Nabo tienen entidad no consciente. Una especie de carpeta oculta del sistema operativo. Nabo no los puede ver, ni hablar de ellos, pero allí están. Y parte del asunto de los motivos de Nabo es que Nabo no sea capaz de listarlos. No sé, eso es lo que a mí me parece.
El caso es que, hoy, no.
Entonces el amigo Daniel sopesa decir que uno se debe a su público. Pero considera toda la expresión facio-corporal de su interlocutor. Hace rato que le caló a Nabo su perfil sicológico. No le cuesta mucho anticipar sus probables respuestas emocionales y con enorme criterio se abstiene de comentar nada.
Y acá aparece lo interesante. Porque a nivel de lo enunciado, tal enunciación nunca sucedió. Lo que sí sucedió fue el pensamiento. Hubo un desplazamiento de energía psíquica (es decir, del alma, es decir, de algo en lo que se cree pero no se puede demostrar). Parece que esas cosas se perciben, aunque no se puede hablar de ellas de una manera, digamos, científica.
Nabo sale diciendo, no sabe por qué, que nunca entendió a los artistas cuando dicen que se deben a su público y que él se resiste a contraer más deudas. Concluye que, si hay un debe y un haber, esta vuelta preferiría haberse a su público.
El amigo Daniel calla uno dos tres. Le pregunta acerca de talles de camisa, computadoras de mano y sánguches de chorizo.

TEMPORAL DE 
ARCILLA
I.

Los pronosticadores finalmente pronosticaron lluvias en casi todo el país. Por estos pagos lluvia es casi igual a bendición, es optimismo. En casi todo el país. No en Beryeba.

II.
Hay palabras que describen casi onomatopéyicamente lo que significan. El idioma inglés es bárbaro en eso, palabras como crash o clap son muy fáciles de comprender. Aunque no sepas inglés, clap clap clap se entiende. En hebreo está la palabra zbub, que describe al molesto insecto con mayor eficacia que el parco mosca español. Nabo leyó como hace veinticinco años ¨Cuando las palabras cantan¨, un librito que escribió un compositor llamado Murray Schafer, y de allí tomó el concepto.

Nabo procede de la cultura del ¨si es gratis, deme dos¨. Imaginar es gratis, así que es doblemente imaginativo. Busca una palabra de la onda onomatopéyica para intentar describir cierto fenómeno climático que le tocó vivir.
Fuuuuurfliiiiiuuuiaahhzzzirbarihifiiish le parece bastante acertado, ya que tormenta de arena es muy conceptual. Es como decir reloj. Esta palabra se refiere a lo mínimo indispensable, a un cierto mecanismo para marcar lapsos de tiempo, pero para lograr imaginarse alguno hace falta adornarlo con una serie de adjetivos. Lo que tañe cada hora en una catedral es tan reloj como lo que vibra cuarzo en nuestras muñecas, el que es de sol no es atómico, no marques las horas detén tu camino.
Nabo conoce un abanico de palabras que se adecuan a situaciones climáticas que tienen como común denominador la caída de agua de modo natural del cielo hacia la tierra: precipitación (que no le gusta, se le hace muy técnica), lluvia, llovizna, garúa (no la puede despegar de su tristeza) chubasco, aguacero, tormenta, tempestad
Claro que la gente tiende a decir Llovió re-fuerte (o muchísimo, depende el sociolecto). Diálogos como -¡Qué tormenta la de anoche! ¿Verdad, vecino?- -¡Un temporal, amigazo!, sólo por escrito.
En fin, que Nabo lamenta la falta de oferta semántica para referirse al fenómeno.
Ese día, el del Fuuuuurfliiiiiuuuiaahhzzzirbarihifiiish , o Ráfagas de polvo arcilloso volando. O. Llevo en mis ojos las arcillas del Neguev, Nabo trabajó todo el tiempo a la intemperie. No mucho después de empezar su jornada los ojos le duelen. Una pregunta se le hace paso con fuerza de ariete ¿Cómo se entera el individuo de que tiene senos paranasales?

A. Por lo estudiado en las lecciones de anatomía a lo largo de su proceso educativo
B. Si está expuesto a una tormenta de arena –así le baten, pero es arcilla- y no cuenta con barbijo o al menos cualquier telita que le cubra el napión y la boca.
Cuando Nabo llega a verse en un espejo se asusta. Si lo hubiesen tenido que maquillar para hacer un papel de zombi en cualquier película de género, no lo hubieran hecho mejor. El pelo revuelto, reseco y reasqueroso. Por contraste, la piel le luce tan rozagante como la de una iguana y tan grisverdosa. Se hurga la nariz y decide no tirar lo que halla, sino ocuparlo, por calidad y cantidad, para su taller de alfarería

III.
Los efectos de una tormenta duran lo que tarda el sol en evaporarlos. Al polvo nada lo evapora. Hay que sacudirlo barrerlo plumerearlo y franelearlo
De pasearse por la zona de casas bajas donde ese día de sol, después de la tormenta, le toca trabajar a Nabo, el observador casual podrá coincidir con éste en que aquí no se ve nunca a nadie. Pero este mediodía es tibio y hay muchas personas limpiando la capa de polvo que hay encima de cualquier cosa, en cualquier parte, aunque se mire para arriba, para abajo o para adentro. Y esa efervescencia puesta en desempolvar, desarenar y desarcillar que ponen los vecinos tiene algo de optimista, de tarea común, de vamos todos por el mismo objetivo, y lo contagia (no, no lo contagia, lo embebe) de un excelente humor. ¿Saben qué? Ríe espontáneamente y sin explicación, como en su mejor edadelpavo.

¨Después del temporal suele venir la calma y antes de los temporales están los senos paranasales¨ sentencia para sí, tontamente.

CIUDAD FEA

                                      No nos une el amor sino el espanto;
será por eso que la quiero tanto.
J. L. Borges; Buenos Aires; El otro, el mismo; 1964


A esta altura del partido y luego de larguísimos titubeos, Nabo sabe que Beryeba es una ciudad fea. Espantosa. Horrible. Puede ser que haya cierto barrio agradable o alguna construcción bonita. Están allí para resaltar lo repelente que resulta el resto.
Busca en sitios de Internet qué atractivo turístico tiene para ofrecer Beryeba y encuentra el Pozo de Abraham, que podría ser eso o cualquier otra cosa, dado que es una construcción semántica, una leyenda. Cree que de haber un alud turístico, se podrían habilitar pozos auxiliares con guías que relatasen las mismas cosas mientras señalan idénticos objetos que a todas luces no pertenecen a la época. Cosa imposible de hacer con las obras del Museo del Prado, el Mausoleo del Halicarnaso, las pirámides de Teotihuacan o los Lobos Marinos de la rambla de Mar del Plata. Están ahí para desafiar el tiempo. Pensemos en una catedral, por ejemplo la de Chartes. Hacia arriba y eternamente. Pero bueno, al pueblo elegido de dios le gusta erigir catedrales de palabras.

También está el memorial a la brigada del Neguev, ciertos cubos y esferas de hormigón, carentes de cualquier gusto, pero eso sí, grandes, que obran a modo de lápida monumental.
En fin, lugares solemnes sin alegría ni gozo estético.
Nabo gira la cabeza como quien busca relajar el cuello, tratando de que le caiga alguna ficha, hasta que de pronto aúlla -¡Parece que la belleza ofendiese a estos religiosos de hierba! (no es justo esta la palabra que usó) -¡Por algo tapan tanto a las mujeres!- Nabo sabe de cercanísima fuente que si alguna chica en minifalda camina cerca de algún ultraortodoxo, éste se quitará el sombrero y cubrirá sus ojos en un acto que puede entenderse como -¨Impúdica, me ofendes con tus exhibiciones ¨- pero también -¨Soy tan intolerante que no puedo soportar simplemente seguir mi camino sin decir nada sino que me creo tan superior que te haré saber sin decírtelo que sos una puta inmunda¨ – 
De todos modos, Nabo no comparte este último juicio. Sólo pensó en la belleza que ofende. Hay que concederle que es un tipo que tiende a comprender.
Por ejemplo, comprende que resulta práctico construir más casas en menos tiempo, aunque sean como las de los primeros dos cerditos, que el Lobo voltea sólo de soplar; y poner cuanta más gente a vivir en ellas, mejor, que después ya se verá lo que haremos cuando empiecen a desintegrarse.
Tras semejante conclusión vuelve a girar la cabeza (esta vez en sentido contrario) hasta que cae la segunda ficha
-¡En este país no existe una Facultad de Arquitectura! – Nabo desconoce el dato, pero de haberla, seguro que tendría muy pocos egresados dada la evidente falta de clientes. – Si Tel Aviv es la ciudad Bauhaus, Beryeba es….la ciudad dormitorio, ciudad mínimo indispensable, ciudad campamento construido.
Una tercera ficha le cae sin movimiento voluntario. La feidad es lo que tienen en común. 
Nabo y Beryeba parecen un matrimonio de feos, que se terminan eligiendo por descarte, para no quedarse solos.


Tal vez sea la hora de ir a comer un sándwich. 

PELIRROJA FUGAZ

Nabo camina a la velocidad – trabajo; es decir, velocidad de respiración corta y de cuello en tensión, velocidad de músculos forzados y dolores de cinturagemelosarcosdelpié que no toma en cuenta porque en su trabajo se camina rápido, mucho y casi constantemente. Es así y basta. No te gusta, no te conviene, buenas tardes, quepaselquesigue. Pero todavía le conviene, este trabajo triturador del sacro. No piensa en dejarlo. O no llega a pensar.  En fin, que cada mañana activa, primero, el ivupirac mental, segundo, el medidor mental de rendimiento (no confundir con medidor de rendimiento mental, cosa que ni falta que le hace) y luego se pone a ver lo que debe ver. Es decir, la gran mayoría del tiempo. Pero ahora, en una centella de segundo, su ojo ve algo que lo sacude. Y digo ¨su ojo ve¨ porque lo que ocurre en ese instante se podría llamar salto de dimensión del pensamiento, y se trata del escape de la lógica secuencial de A se sigue B, de B se sigue C. El satori. Un proceso mental tan veloz que la palabra no es la herramienta adecuada para entenderlo. Pertenece al dominio de lo visual, si se quiere. Al área del ojo, no de la lengua. Pensemos en una imagen manyadísima: una bala surca el espacio en cámara lenta. Este recorrido retardado –con todo respeto – es asequible al ojo sólo con este artificio, no sé si llego a explicarme.
En una centella de segundo, su ojo capta una mujer de cabello corto y rojo conduciendo un auto que cruza la bocacalle que dista unos veinticinco metros de donde se encuentra Nabo.- ¡Tatiana!-se escucha a si mismo decir sin proponérselo y Tatiana es el nombre de ella, es decir de la única ella que merece llamarse ella porque es la única, no hay otra. Tatiana es la mujer de Nabo, si, la pelirroja, que llevaba el pelo corto entonces, cuando se conocieron.
En este punto merece considerarse que Nabo se halla en un barrio donde hay muchísimos rusos, es más, hasta las calles tienen nombres de otros importantísimos rusos que han contribuido a la causa nacional. Los ancestros de su ella también vivieron por aquellas estepas y temblaron en similar frío y no-sería- extraño-que-sean-parecidos, pero a quién le importará ese análisis, a qué contribuye. A Nabo a nada. Una digresión, un circunloquio. No se concentra en el rendimiento ni se pierde por los placenteros caminos del recuerdo o la fantasía. Se enrosca al cuete.
Pero el estricto sentido de la disciplina de Nabo se estremece con el cuete. – ¡Nada de al cuete! – se llama Nabo al deber. Se llama de nuevo porque tardó en contestar. Pero su espíritu enamorado ha tomado el mando y decidió ignorar las llamadas.
Nabo queda parado un poquito con la boca abierta. La fugaz imagen destroza sus enojos y discusiones mañaneras y algunos berrinches que le hacen fantasear con separaciones y se pregunta si hay algo más profundo e interesante que seguir conociendo a la persona que se ama. Entonces vuelve a la velocidad – rendimiento. Más tarde, cuando llega a la casa, le dice a su única ella Hoy te vi de joven y me volví a enamorar.

POLLOS


Nabo está preparándose para preparar pollo. Se dispone a trozar un par de ellos sin un plan fijo cuando Nívea, su niña de doce años, se acerca al área, otea superficialmente y espeta ¿Otra vez pollo? ¡Estoy cansada de pollo y carne al horno!
La moral de Nabo muta. Primero se sacude levemente, luego tiembla, se resquebraja y entonces se derrumba. Su orgullo de cocinero se enfría tanto que el cero grado Celsius no es representativo y ha de echarse mano a la escala Farenheit.
Nabo se sabe limitado por su capacidad de compra. Jamás pavo, ni pescados aristocráticos. Los buenos cortes vacunos los ve sólo por la tele, o en sus libros de cocina, que ya no abre para no caer en la desesperación.
– ¡Vamos, Nabo, que un artista se hace asumiendo sus limitaciones!- se susurra a su propio oído en una maniobra que le da tortícolis. Se decide por el método científico y clasifica técnicas de cocción. -¡No sólo de horno o cacerola come el hombre! ¡Las limitaciones son tuyas propias, nadie te las impone! – le atiza su conciencia. –Buscá lo posible que todavía no ocupaste de lo que sí tenés en tu casa y no me lloriquees por una parrilla o un horno de barro.
Piensa Nabo el atizado. Tomemos al pollo como invariable, listemos todas las variables posible en el universo ¨Cocina de la casa de Nabo ¨, luego haremos elecciones y dice Herramienta Plancha ergo Pollo a la plancha, Herramienta Cacerola; pollo hervido, salteado a la ídem, guisado. Puede ser al vapor, añadiendo el complemento Vaporera. Herramienta Sartén, frito como milanesa, o en trozos, en aceite profundo… y piensa que pollo a la parrilla o al barro están fuera del Universo Previamente Delimitado.
-Analicemos ahora la forma en la que nos abastecemos- se propone, y al no poder salir de la opción Refrigeradora de Supermercado imagina cuán distinta sería su vida de tener que ampliar este ítem.
Si hay algo que no acobarda a Nabo es activar su imaginación. Se figura que monta un gallinero, que escucha el cacareo constante, el canto del gallo al rayar el alba, el caminar entre el guano para juntar huevos frescos, se figura que descogota, desangra y despluma, que eviscera y que amputa uñas y cabezas antes de prender el fogón. No, la perspectiva de la autogestión en este rubro no lo seduce.
Cuando vivía en el Neguev occidental había visto en varias ocasiones perdices volando bajito en un descampado cerca de su casa, fantasea entonces que sale de caza munido de semejante escopeta de dos caños. Busca perdices para alcanzar la felicidad por la vía gastronómica. Se toma tan a pecho la construcción de los detalles que ya casi se siente la escopeta y ya a esta altura lo que se le disparó es el fantaseo y no para hasta que se imagina que por mala racha se le escapa un perdigonazo y se agujerea el dedo gordo del pie derecho y se imagina que sangra con abundancia.
 Entonces se detiene, tira los pollos en una asadera y los mete al horno así nomas, y decide tomar una ducha.





AUTOBUS

I. Filosofía
Viajando en el colectivo Nabo trata de filosofar según el método peripatético, es decir, reflexionar sobre las preguntas que le van surgiendo mientras viaja. La metodología era muy buena en la Grecia clásica, cuando el filósofo y sus alumnos se detenían a profundizar los temas que se les presentaban. En el autobús no es tan práctica, primero porque Nabo no conversa con nadie sobre sus preguntas ni sobre nada; segundo, porque la velocidad con la que se le aparecen los temas al viajar impide cualquier profundización; norma central de cualquier editor de noticieros de televisión del universo.

En esos devaneos se encuentra nuestro filósofo amateur cuando de pronto no le queda más remedio que escuchar una conversación en ruso por un celular.
La dueña del aparato no sabe configurarlo y el discurso de su comadre se escucha tan estridente que otra mujer se vuelve y le dice algo al respecto. Ésta sería una magnífica materia de reflexión si no fuera porque Nabo no comprende ni media palabra del idioma ruso. Pasajera replica con cierto gesto que Nabo decodifica como No tengo nada que hacer ni puedo contra este aparato, por lo que Nabo empaqueta su filosofía y se la mete en el bolsillo.
Detrás de él viajan dos maestras, conversando sobre ciertas incongruencias gremiales, charla que esta vez sí puede entender pues sucede en hebreo, idioma que comprende pero no domina.
¡Caramba! – Piensa Nabo arrebatado- ¿Yo domino al idioma o el idioma me domina a mí? Y se hace la primera pregunta sustancial en lo que va del trayecto.

II. Paciencia
En cada colectivo hay dos series de cuatro cartelitos prolijamente pegados:

Prohibido fumar.
El arrojado de basura desde este vehículo está prohibido. Ministerio de Calidad Ambiental.
Respetado pasajero! Revise alrededor de su asiento y notifique al conductor sobre cualquier objeto sospechoso. Estar alerta evita desgracias. Policía de Israel.
STOP! HAVE YOU LEFT AHITHING BEHIND? Deténgase! ¿No se olvida algo en el autobús?

Nabo recuerda sus principios en esta tierra, cuando peleaba por entender el idioma. Leía las letras y se esforzaba en entender los significados. Tenía una enorme urgencia por entender. Quería que sea rápido. Clavaba la vista en los susodichos cartelitos e incluso los trascribía.
Ocho años después Nabo mira los cartelitos y rememora tanto esfuerzo. Terminaba los días cansado y no comprendía por qué. Resultó ser el esfuerzo intelectual. Al final comprendió. Era cuestión de paciencia. ¿Cuándo se llega a tener la paciencia necesaria para obrar con paciencia? ¡Epa! ¿La palabra paciencia tendrá que ver con paz? De pronto tiene el impulso de consultar un diccionario etimológico para corroborar sus ideas, le gustaría estar en lo cierto. Por suerte cae en la cuenta de que no le es necesario tener razón, sus ideas le parecen simpáticas aunque no sean científicamente verificables. Ahora entiende los cartelitos. Ahora entiende un poco más el idioma. Ahora entiende un poco más. Algo de eso viene con el ejercicio de la paciencia.

IMANES SOBRE EL MEDIDOR

Hay un señor religioso que pone imanes sobre el medidor de agua. Los imanes puestos sobre los medidores alteran el funcionamiento de los mismos, el campo magnético produce, por lo visto, cierta resistencia y el medidor mide de menos.
Nabo trabaja para la empresa que lee tales relojes. En su ciudad de origen no se contabiliza el fluido que se usa en cada inmueble. Allí el agua abunda, o parece abundar. Nabo ha cambiado de hábitat y ha cambiado su suerte. En el hemisferio opuesto, Nabo era artista. O pretendía serlo. O aspiraba a ello. De cualquier modo el allá es historia. O no, pero para Nabo es funcional pensar así.
Según reza el refrán, quien no tiene cabeza tiene piernas. Para leer relojes de agua hay que caminar mucho, todos los días, llueva o hagan 42 Celsius a la sombra a las 8 de la mañana.

La primera vez que el Sr. Religioso vio que Nabo encaraba directo a su medidor, que tenía puesto todo un sistema de imanes a su alrededor – no sea cosa de que alguno de ellos no ejerza su cometido – se puso nervioso. Salió de su casa al trote, y, amparado por el cerco, retiró el sistema como si Nabo nada hubiera visto. Tal vez pensó que Nabo lo reprendería, quizás supuso que el deber de Nabo sería hacer un reporte y que terminarían por cortarle el suministro. Quién sabe si por lo mismo empezó con cuentos sobre lo poco que cobra de jubilación, de cuánto le cuesta hacer rendir el dinero y demás lloriqueos con intenciones de ablandamiento de la severidad que se ve venir quien sabe que está en falta. Pero la severidad nunca llegó. Había algo en la pinta del tipo que a Nabo se le antojó falso. Cierto era que el tipo tenía el gorrito, pero era tan bajito y panzón y desprolijo y con la ropa que le pifiaba tanto y con ese aspecto tan pringoso que Nabo no logró ver en él a un hombre espiritual. Así que descendió también varios escalones en su moralidad. Esta vuelta haría la vista gorda, y envolvió a Religioso en un entramado de nosepreocupe. Y se fue.
La siguiente vez que Nabo tuvo que leer medidores por aquella zona pensó al acercarse a la casa de Religioso que tal vez al hombre le haya dado cierto pudor y haya retirado el Sistema de Influencia Magnética.
Pero no. No lo había retirado.
Algo le molestó a Nabo y consideró oportuno reportar la irregularidad.
Pero su pensamiento tornóse entonces en verdad poderoso y fluyó a gigantescas velocidades, impidiendo que los acontecimientos se desencadenasen hacia catastróficas consecuencias, hermanándose con la capacidad de identificarse con el prójimo y apiadarse de él, decidiendo no ser severo sólo porque se puede.
Un instante áureo. Divino casi.
Pareciera que Religioso infirió de la actitud de Nabo el rechazo moral; y de su ulterior silencio y de su mirada hacia adentro que éste nada haría pero creyó conveniente seguir jugando su papel de justifiquémonos.
La conversación fue más breve y el nosepreocupe también.
Serios interrogantes se le impusieron entonces a nuestro lector de medidores.
¿Tendrá Religioso algún cargo de conciencia? ¿Pensará que la triquiñuela es justificada, dado que la compañía de agua le roba a él y a la comunidad toda? ¿Tendrá nomás, cien años de perdón quien roba a un ladrón? ¿Estará aún vigente la ley del Talión?
En esta última oportunidad, Religioso divisa a nuestro héroe que se acerca y retira los imanes de sobre el medidor como quien corta el pasto o barre las hojas secas, como quien es dueño de la situación. Religioso ve la mirada de Nabo pero ya ni le importa, el tema ya ni se menciona, la costumbre ha amparado la falta. Religioso siente el deber de decir algo, de distraer la cuestión, y le cuenta a Nabo que el día anterior fue el casamiento de su hija y Nabo le augura En buena hora. – Gracias- responde Religioso con una gran sonrisa, ya convencido de que no hay inmoralidad, de que es intachable, espiritual y pleno.

El comienzo:

Finalmente, Nabo encontró un cuarto de hora para ocuparse de su barba con la parsimonia que le gusta, antes de ponerse a jugar con su hijo o de preparar la cena. Hoy llegó del trabajo más tarde que de costumbre, está cansado y le parece que este recorte de barba es un momento de intimidad que se merece. Nabo se afeita muy pero muy de vez en cuando, sólo cuando la picazón se le hace insoportable. Por lo mismo, la ceremonia depilatoria es compleja. Comienza con un recorte a tijera con eventuales tronchazos en el rostro que son sucedidos por puteada y carcajada, a dos o tres por sesión. Luego vendrá recoger todos los pelillos esparcidos en el lavabo y admirar el volumen de la madeja que se forma.

Diríase que Nabo es casi dogmático en esto si no fuera que sabemos que no repite formalidades carentes de sentido sino que vuelve a asombrarse sinceramente ante cada nueva madeja. Luego vendrá el enjabonado del rostro, la afeitada a pelo y contrapelo y el admirar cuán joven se ve sin la barba entrecana y cuánto ha envejecido a juzgar por la bolsa de piel de bajo mentón que la barba tan bien camufla.
En medio del tijereteo suena en su teléfono celular el llamado del amigo Daniel.
El amigo Daniel está muy entusiasmado con su blog. Le cuenta a Nabo cuánta repercusión está teniendo, cómo hace para difundirlo, qué clase de respuestas recibe, que parece que se está haciendo de nuevos amigos y otros tantos enemigos, que recibe llamados telefónicos casi amenazadores… Muy entusiasmado. Eso está muy bien, piensa Nabo, es muy vital. Pero no puede abandonar su ceremonia y atender al amigo con atención completa, ya está en medio de la cosa, así que se ve al espejo sosteniendo el aparatito con una mano y la tijera con la otra.
En ese entusiasmo, el amigo Daniel le propone a Nabo que escriba una columna para el blog, con sus pensamientos, sus impresiones y sus ideas sobre una variedad de temas. Nabo recuerda las ¨Aguafuertes Porteñas¨ de Arlt, que supo leer cuando joven; el amigo Daniel le dice que el término aguafuerte ya no corre y Nabo piensa en lo añejo, lo antiguo, lo desactualizado y lo rotundamente viejo. El amigo Daniel le recuerda que no tiene que ser un cuento con un final claro, suficiente transmitir la sensación y que cree que Nabo es muy capaz de hacerlo y que habría que comprometerse a una nota por semana.
Hace rato que Nabo quiere retomar la escritura y la oportunidad de encontrar un estilo que se ajuste a las indicaciones de un editor le resulta muy atractiva. No encuentra ninguna razón para negarse y acepta mientras el amigo Daniel continúa explayándose sobre el más que probable éxito del emprendimiento. Nabo se deja abducir por el entusiasmo del amigo Daniel y el intercambio de ideas fluye a gran velocidad. Fiel a su premisa no descartemos ni bloqueemos, no hay ideas malas sino ideas puente, llega al tema ¨identidad¨ que le parece oportuno para la primer columna – ya que marca una tendencia – y resuelve que lo mejor será buscar en algún diccionario etimológico on – line la definición de identidad. En tanto, ya que no tiene ningún computador a mano, (tiene la tijera) ensaya la siguiente fragmentación: id –de ídem, lo igual; entidad, Del latín. ens, entis, ser : Lo que es, existe o puede existir. Al amigo Daniel parece gustarle el enfoque.
Por el entusiasmo, Nabo se pega un tijeretazo desafortunado en el pómulo. Respira hondo y logra contener la puteada. A esta altura Nabo se pregunta a qué atribuirá el amigo Daniel el chac – chac- chac que seguramente escucha, pero no le parece oportuno preguntar. No faltará ocasión.

14 comentarios:

G.G.Y.G dijo…
Hola Damiàn serà un placer enorme poder leer tus escritos tan sabrosos e ingeniosos. Màs que satisfecha con tu aporte a este blog. Saludos

2 de noviembre de 2010 20:22
dondelohabredejado dijo…
Te deseo mucho éxito en tu proyecto.
Aguafuertes, me gusta. Por qué no?
Saludos.

2 de noviembre de 2010 20:41
Gaby Szuster dijo…
Buenisimo Damian, me encantó.

2 de noviembre de 2010 21:59
Jose Gustavo Glusman dijo…
Me identifico. Lindo estilo.
Buena suerte!
J. Gustavo

3 de noviembre de 2010 09:51
german dijo…
fantástico damian !!!
dale pa´delante !!

3 de noviembre de 2010 18:07
damian szmulewicz dijo…
agradezco las voces de aliento

4 de noviembre de 2010 16:23
Marcelo dijo…
Excelente descripción. Te felicito Damian. Esto promete!!!

16 de noviembre de 2010 13:48
Anónimo dijo…
De verdad disfruto mucho con estas “entregas”, muy buenas. GRACIAS. la coloradaloca desde Salta.

20 de noviembre de 2010 02:08
Anónimo dijo…
Me causa placer leerte, interesante estilo.
arriba y adelante muchacho!
alicia

27 de noviembre de 2010 11:20
liliana dijo…
exelente..profundo,trasmite el mensaje y te lleva a la situacion y a la identificacion..estilo liviano que esconde ideas pesadas..profundas dolidas..

11 de diciembre de 2010 09:07
aya dijo…
Te sigo leyendo – me gusta!
a.

17 de diciembre de 2010 21:29
Anónimo dijo…
excelente!! me encantó!! Tiene el mismo estilo de un humorista argentino , Podeti,que publica su blog en el diario Clarin de argentina. Vale la pena leerlos!

28 de diciembre de 2010 19:04
damian szmulewicz dijo…
estimados todos ustedes:

leo con gran placer sus comentarios.

Me gustaría ampliar el dialogo.

Soy conciente de que a veces hay un transfondo un poco depre en las columnas que escribo, pero se me hace que a ustedes les pasa o les pasó algo semejante. Les pido, si quieren, compartir conmigo sus opiniones respecto al choque cultural, que es lo que a mí más me cuesta, o de lo que quieran compartir conmigo.
les dejo un mail que abrí para ese propósito: beryeba@gmail.com
me comprometo a contestar cada uno de los mensajes

un abrazo

8 de enero de 2011 12:26
Chiclana dijo…
NO pares Navo ta bueno leerte

4 de marzo de 2011 11:07
  1. Deja un comentario

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